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Resumen

El amigo americano

Jasper.jpgJasper Johns, Three Flags.

Cuando en 1954, Jasper Johns pintó Bandera los cimientos del arte más avanzado de su época saltaron en pedazos. La Bandera de Jasper era la pintura de una bandera norteamericana que en realidad era una bandera norteamericana. Johns aplicó una estudiada ambigüedad representación/realidad a objetos bidimensionales como letras, mapas, logotipos, blancos, etc. La bandera norteamericana (como escribiría más tarde Arthur Danto) es parte de la conciencia común de la humanidad, un emblema reconocido en todas partes, como el signo del dólar, en el sentido de que nadie tiene que preguntar qué es o qué significa; pero Jasper Johns engañaba al intelecto, incapaz en este caso de distinguir con eficacia entre representación y realidad. La Bandera de Johns era sin duda una verdadera obra de arte, aunque mi preferida, años más tarde, se multiplicaría por tres en capas superpuestas, evidenciando con ello las posibilidades del engaño.

(Todo comenzó hace muchos años, muchísimos años, cuando los poemas soportaban en sí mismos el peso de la historia y la inocencia se servía gratuita; mi palabra, entonces, buscaba palabras como una actividad natural y adolescente, como una promesa o una venganza. A esta sensación, para entendernos, la llamaremos el principio, el comienzo; pero este principio, si queremos que parezca verdadero, o al menos verosímil, necesita de una fotografía y de las líneas que explicaron, en su momento, dicha fotografía, de la imagen y de la imagen viva de dicha imagen; ambas tan verdaderas a fin de cuentas como la experiencia que hizo posible el comienzo, ambas tan verosímiles que el poeta, cuando tuvo conciencia de ello, dejó la imagen suspendida y quedó en silencio. Debajo de las multiplicaciones –decía el poeta al pie de la fotografía- hay una gota de sangre de pato; debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero; debajo de las sumas, un río de sangre tierna. Con estos antecedentes (con la voz de Federico quemando en los papeles) no es de extrañar que me suspendieran las matemáticas por tiempo indefinido; la Bolsa de Nueva York se convirtió, por obra y gracia de un espíritu poético, en el templo de los mercaderes asesinos, en el tren de una bruja maligna. A partir de ese momento las operaciones especulativas no lograron llamar mi atención, más bien al contrario. La casa del terror quedaba cuanto menos definida. America se forjó en las calles, pero aún faltaban muchas tardes de cine para tener noticia de ello.)

El 22 de noviembre de 1963, Abraham Zapruder filmó, con ayuda de una cámara doméstica, una imagen de la realidad que bien podía pasar por una representación que trataba de engañar al intelecto. El 22 de noviembre de 1963, tras frotarnos los ojos con fuerza, llegamos a la conclusión de que se acabó para siempre aquello de ver para creer. Rodrigo Fresán dixit:

Zapruder nos hizo conscientes que lo que vemos no es todo lo que hay para ver, y que detrás de toda trama existe siempre una variación escondida, un eco secreto, la idea de que aquello que suponemos es un final no es otra cosa que un principio.

(A la razón poética le sucedió, sin embargo, una especie de razón autoestopista que venía a hurgar en mis contradicciones más íntimas y que no hacía sino confirmar mis temores más odiados: mientras algunos de mis mejores amigos reclamaban el derecho de vivir en paz, jugándose la vida, yo me dedicaba a imitar a Jack Kerouac (y luego a Jim Morrison) y comenzaba una huída hacia adelante sin aparente justificación, vacía sin más, verdaderamente podrida. La Ruta 66 iba y venía de Madrid a Salamanca, de Córdoba a Granada; y, a pesar de esta evidencia, yo me imaginaba recorriendo el paraíso. Woodstock quedaba tan lejos que parecía ridículo drogarse en nombre de una virginidad mancillada. Al atardecer, aparecía desnudo en piscinas de cemento y era incapaz de articular unas frases con sentido. Menos mal que, unos años después, cuando ya no esperaba nada (los tanques habían tomado Praga y una bala de alcohol me había perforado el hígado), comencé el estudio de los totalitarismos de la modernidad (sí, dicho así suena de una gravedad absoluta, pero en algo tenía que emplear mi tiempo): la técnica, las dictaduras tecno-financieras, Napoleón III, Hitler, Stalin, los tiranos populares, etc. Sólo atando cabos (y leyendo a los mejores filósofos) pude comprender al fin que (como escribía Azúa en aquel mismo momento) el amigo americano había puesto en marcha un modelo más eficaz de control y vigilancia que todos aquellos objeto de mi estudio, capaz de actuar sobre enormes masas sin necesidad de recurrir a simbologías groseras como la del autócrata patriarcal. La cultura popular era el alimento perfecto para una masa perfecta que abundaba en el perfeccionamiento de las sociedades avanzadas; es decir, el rock and roll había hecho de mí un auténtico idiota. Aunque, bien mirado, tampoco era cuestión de preocuparse demasiado. A fin de cuentas, yo podía ser un dios, pero sólo Warhol podía ser mi profeta.)

El 22 de noviembre de 1963, en una primera capa de la realidad, John Fitzgerald Kennedy caía bajo el fuego asesino de Lee Harvey Oswald, aunque nunca pudo demostrarse que en realidad se tratase de Lee Harvey Oswald, ni que el fuego asesino partiese de Lee Harvey Oswald. Cuarenta y ocho horas más tarde, en la segunda capa de la realidad, Jack Ruby asesinaba a su vez a Oswald, también ante las cámaras de la televisión; y en una tercera capa todos quedábamos en penumbra, blancos y negros, grandes y pequeños, sumidos en el juego entretenido de las infinitas cábalas. La bandera norteamericana de Jasper era en realidad una bandera norteamericana, eso ya lo sabíamos; pero lo que ya no quedaba tan claro era lo que en verdad se escondía detrás de esa bandera.

(Es decir: la realidad, mientras tanto, también aspiraba al engaño y a la multiplicación delirante de capas superpuestas.)

Walt Whitman escribió que los estadounidenses de todas las naciones y de cualquier época sobre la tierra tienen probablemente la naturaleza poética más plena; pero me temo que, ahora, el futuro humano depende mucho más de la poesía de Maquiavelo (de la poesía de Leo Strauss y sus discípulos "neocons") que de la razón poética de Whitman. El ciudadano libre de una comunidad democrática, planetaria y política, es el Golem de un grupo bien organizado que se estructura en capas y capas superpuestas.

Ahora, en el CD de mi automóvil, Bob Dylan ataca las primeras notas de Forever Young; hace tanto tiempo que me dijo aquello de "la respuesta está en el viento" que casi he olvidado la pregunta. Si miro hacia el oeste, al atardecer, y el sol me ciega, la carretera de Extremadura se transforma de nuevo en la Ruta 66. El amigo americano, como siempre, canta con esa voz nasal que ahuyenta a los insectos; canta canciones del pasado que carecen de sentido en el presente: canta para los muertos. Porque las canciones del pasado ya no sirven a aquellos que las hicieron posibles; no las necesitan, ya no pertenecen al amigo americano. Y en el futuro, como bien saben los expertos, en ese parque temático que se antoja extraordinario, no serán necesarias las canciones.
06/11/2004 01:58 #. Hay 2 comentarios.

El objeto

T10421.jpgThomas Ruff. Interior, 1979.

Al repasar la biblioteca, varios ejemplares en desuso y restos de presentes extraños. ¿Por qué pienso que puedo llegar a conocerme a través de todos estos libros? ¡Qué tontería! Todo lo aprendido puede resultar tan innecesario que se torna anacrónico el recuento; además, nada hace presagiar que, en el futuro, las cosas vayan a ser de manera diferente. Cuando utilicé todas esas comparaciones absurdas como muletas de apoyo tampoco salí bien parado. Como en esos lienzos que ocultan a su vez los proyectos que no pudieron ser, o que fueron sustituidos por otras representaciones más acertadas, la explicación de lo sucedido requiere de la ayuda de Rayos X, o de rayos especiales como ojos mágicos. Nada tan preciso –compruebo- como la maceta que esconde a un espía o la fotografía de un sábado desierto. En el fondo, me da miedo verme de espaldas, recorriendo una calle mojada o persiguiendo alimañas. Todo lo que pasa en esta visión es falso; pero es necesario raspar el exterior hasta dar con la representación verdadera que, en este caso, a diferencia de los lienzos que ocultan proyectos, se encuentra en los pigmentos de la primera capa.

Utilizar herramientas o inventarme un alma. O, como hace Peter Handke, en Historia del Lápiz, narrar la presencia de un objeto inanimado:

Rara vez puedo sentir entusiasmo por lo que sé, pero muchas veces lo siento por lo que intuyo; por eso no quiero saber demasiado.

En el objeto, mi reflejo es distinto al de ayer y mucho más distinto que el de mañana; voy acostumbrándome a convivir con un desconocido que cambia de perfil y que muestra signos (preocupantes) de una profunda indiferencia. En el balcón, las plantas crecen imperceptiblemente, pero soy yo (el otro objeto) el que tengo que aprender ese lenguaje. Observadas desde un lugar equivocado, a una distancia poco aconsejable, las cosas nunca son lo que parecen. Los signos están al descubierto y puedo olvidar, por un momento, que fueron escritos con anterioridad, o que fueron utilizados por huéspedes que compartían entre sí antiguos elementos. La fuerza que me acompaña se refleja en el objeto como una máscara ignorante: lo que nunca tuvo explicación (ese tren a punto de partir, esa rosa que se pudre) carece ahora de importancia. Por lo demás, a falta de testigos, siempre puedo comenzar por el principio; la realidad, así, se inventa y se presenta más perversa. En resumidas cuentas: estoy acostumbrado a entusiasmarme. La única razón (¡de nuevo!) es la mudanza.

(En el margen izquierdo de este apunte, junto con otras anotaciones:

Die Aufnahmen Thomas Ruffs vermitteln daher nicht in erster Linie Erkenntnisse über die uns umgebende Umwelt, sondern über das Bild der Realität, welches eine direkte Erfahrung der Wirklichkeit zunehmend ersetzt.

El estilo documental y frío de la serie; la realidad y la marca de fábrica. Cualquier fotografía como cualquier ventana o quiebra de la intimidad: observo o, directamente a los ojos, también me observan; nada permanece al margen de las interferencias. Es el juego visual, el sonido impreso –compartido- de una mirada. Los edificios, en cambio, permanecen en silencio perpetuo; a pesar de los signos evidentes, no son objetos habitados.)
13/11/2004 20:19 #. Hay 2 comentarios.

El fin del arte y el décimo plátano

Platano1.jpg(Del diario de viaje de Arno Fendel, de la Academia de las Ciencias de K-pax.)

24 de Haféz, cuaderno de bitácora manipulado. Orbita 025/Tiempo 470.

Mi psiquiatra (una buena persona) parece acostumbrado a tratar con gente difícil; pero yo soy normal, un kapaxiano completamente normal. Además, no creo que tenga que demostrar nada a nadie; es él el que plantea situaciones ridículas haciéndome pasar por lo que no soy. Le he explicado, en numerosas ocasiones, que soy el segundo ciudadano de K-pax en llegar a la tierra; que mi misión, como la de Prot, es muy sencilla: un simple trabajo de investigación científica, una tarea de recogida de datos. Es decir, que no debe preocuparse demasiado por ello: me marcharé en cuanto termine lo que he venido a hacer. Pero, aun así, parece preocupado; es un hombre lógico y pragmático, un humano muy comprensivo. Aunque a veces, a decir verdad, creo que duda (por ejemplo: cuando recurre a la medicación), que no está seguro del todo y que acabaremos entendiéndonos.

25 de Haféz.

Tal y como dijo Prot: la luz de la tierra es demasiado brillante para mí, mucho más intensa que en casa; la realidad es tan luminosa que temo quedarme ciego. He aprendido a mirar a través de unas lentes oscuras y ahora parece que todo cobra sentido. ¡Menos mal que volveré a casa antes de que acabe el verano! La situación puede resultar interesante, pero no por ello debe tornarse indefinida. Por otro parte, cambiando de tema: mañana, en cuanto tenga oportunidad, preguntaré a mi psiquiatra por los plátanos.

26 de Haféz.

¡La luz, qué importante es la luz! Más tarde (si entendemos antes lo que significa la luz) podremos empezar a trabajar con los colores. En el fondo, un color es como un signo; la única virtud de un signo es su capacidad de puente, de enlace. Se mire como se mire, es como la medicación: un simple intermediario; pero, a mí, la medicación, no me hace ya ningún efecto (y esto desconcierta a mi psiquiatra): será más bien que no necesito ni puentes ni enlaces. (Pensaba en ello desde los rayos de luz y el brillo de luz en medio del viaje. También pensaba en aquello que Prot dejó escrito en su informe: la fruta de la tierra es uno de los mayores placeres del planeta –Prot me aconsejó consumirla con piel incluida: mañana, sin falta, preguntaré por los plátanos.)

27 de Haféz.

Un hospital mental es muy gris, un lugar muy poco estimulante.

28 de Haféz.

Hoy vino a visitarme mi psiquiatra; llegó cargado de libros y con una estupenda sonrisa que le recorría el rostro de oreja a oreja. Me preguntó que qué tal iba mi investigación; le dije que todo marchaba perfectamente, que no podía quejarme. Entonces me preguntó si había decidido ya la materia exacta de mi estudio; yo le contesté que no. Me comentó que todos aquellos libros (que ahora descansaban en la mesa) trataban sobre un mismo tema: el ARTE; los había traído para mí, pensaba que quizás podían llegar a interesarme. Le pregunté qué cosa era el ARTE, y en aquel momento se detuvo; acaso dudo un poco. Como tardaba en contestar le indiqué que cómo podía aconsejarme una materia de investigación que ni siquiera él podía definir con exactitud (aquí esbozó una pequeña sonrisa y acarició su pelo rizado). Me contestó que tuviera paciencia, que no resultaba tan fácil explicarlo; alcanzó uno de libros y buscó entre sus páginas. Ésta, me dijo, puede valer por el momento, aunque es bien cierto que irás encontrando muchas más con el paso del tiempo:

"El arte es una actividad humana consciente capaz de reproducir cosas, construir formas, o expresar una experiencia, si el producto de esta reproducción, construcción, o expresión puede deleitar, emocionar o producir un choque".

Le pregunté por el autor de la frase; Wladyslaw Tatarkiewicz, contestó: en Historia de seis ideas.

29 de Haféz.

En el Earth and Space (en el complejo del Museo de Historia Natural de Nueva York) Prot demostró a todos aquellos astrónomos y astrofísicos terráqueos que una persona cualquiera puede saber algo sobre el espacio que ellos desconocen.

30 de Haféz.

¿Será la Estación de Atocha como la Estación Grand Central? Al menos, en mi caso, no he sido detenido tras la comisión de un atraco.

8 de Telág, cuaderno de bitácora manipulado. Orbita 026/Tiempo 471.

Llevo días encerrado en mi habitación, sin asomarme tan siquiera a la ventana, sin quitar la vista de los libros de ARTE que el psiquiatra, amablemente, dejó sobre mi mesa. En todo este tiempo he visto imágenes horribles e imágenes maravillosas, representaciones inexplicables y construcciones perversas; pero no he logrado comprender los conceptos fundamentales que utilizan los humanos para explicar esta actividad tan extraña. Tampoco logro entender por qué permanecen encerrados en este hospital humanos que, en el fondo, se corresponden con las descripciones que en los libros se hace de los ARTISTAS. Tengo que preguntarle a mi psiquiatra el significado de la palabra MUSEO. ¿Es el equivalente lingüístico de la palabra HOSPITAL? ¿Es este hospital, en realidad, un grandioso y magnífico MUSEO?

9 de Telág.

En el fondo, mi psiquiatra no pretende que avance en investigación alguna. Sólo busca una relación eficaz entre médico y paciente. Una interacción positiva que complemente los efectos (hasta ahora negativos) de la medicación.

10 de Telág.

Nueva remesa de libros de ARTE. En uno de ellos, una desagradable sorpresa: el ARTE ha muerto. No he necesitado avanzar demasiado para encontrármelo escrito en la primera línea. ¡Cómo voy a alcanzar comprensión alguna de los humanos a través del ARTE si esta sospechosa actividad acaba de morir en mis manos! ¡Mi psiquiatra es un farsante! El responsable de esta muerte (al menos por lo que respecta a ese texto) se llama Arthur Danto, y es un crítico de ARTE norteamericano. Pero hay más. He llamado urgentemente a mi psiquiatra para que me explicara todo esto y he acabado por enterarme de otras muertes no menos importantes. Mi psiquiatra me ha explicado que no debo alarmarme; también ha muerto Dios (el dios de los humanos), y han muerto las ideologías, la historia, el autor, y la mayoría de los conceptos cruciales de lo que mi psiquiatra ha denominado "pensamiento occidental".

11 de Telág.

Prot era ante todo un kapaxiano honesto (vamos, más o menos como todos los kapaxianos). Hacía que sus semejantes miraran más allá de lo racional y que admitieran la posibilidad de que existan diferentes versiones sobre la verdad, más allá de los límites del conocimiento. También conseguía que los humanos miraran sus relaciones, el mundo y el universo, con esperanza y asombro.

12 de Telág.

De la presentación de un curso sobre ARTE, en una Universidad de Barcelona:

"...el auténtico contrapunto de la visión unificada que buscan por su propia naturaleza tanto la cultura científica como la normativa. Para éstas hay que hallar la verdadera descripción del universo y el consenso justo y justificado acerca de las normas de convivencia. Para el arte hay infinitos mundos e infinitas maneras de verlo y experimentarlo".

13 de Telág.

Cada vez que observo, en una obra de ARTE, un fondo amarillo con diminutos puntos negros, me acuerdo de los plátanos.

14 de Telág.

Muy aleccionador. Gérard Fromanger, en Si no les gusta la pintura, ¡no aburran a los demás!:

"Es necesario tener en mente la dicha de Susan (Susan Rothenberg, pintora) saliendo del taller para decirle a Bruce (Bruce Nauman, pintor, escultor, videasta, conceptual, perfoman, art maker, etc.): hoy he tenido una idea fantástica que trastorna toda mi pintura. ¡Había, simplemente, tenido el coraje, para ella extraordinario, de poner por primera vez un toque rosa sobre la ventana de la nariz de un caballo! Es necesario retener la desesperación de Bruce saliendo del taller para decirle a Susan: : hoy no he hecho nada. Solamente había esbozado veinte ideas nuevas, y ninguna le satisfacía.

15 de Telág.

Al parecer, no es Danto el responsable de la muerte del ARTE; Danto es tan sólo un discípulo aventajado de un tal Hegel, el verdadero responsable. Le pregunto a mi psiquiatra quién fue Hegel; me ve tan interesado que promete explicármelo en otro momento: cree que ahora no lo entendería. Yo le digo que necesito saberlo con urgencia, que no puedo esperar. Me asegura que no importa quién fue Hegel, que lo que importa es saber que su idea del "fin del ARTE" no significa que el ARTE muera, sino más bien que el ARTE se transforma. Le digo a mi psiquiatra que no entiendo nada (media docena de locos se han acercado hasta nuestra mesa y escuchan con atención). Me responde que la cuestión es "dialéctica". Se trataría, pues, me dice, de una muerte dialéctica de ciertas figuras de la conciencia dentro del actuar artístico y estético, y por consiguiente de su perenne transmutarse y regenerarse en la autoconciencia progresiva.

16 de Telág.

Juego al ajedrez (un juego maravilloso) con un loco que guarda cierto parecido con Andy Warhol. Warhol (al parecer, un artista) era un tipo que escribía cosas como éstas:

"Si quieren saber todo sobre Andy Warhol, solo miren la superficie de mis pinturas, de mis películas, y de mí. Ahí estoy. No hay nada más".

17 de Telág.

El ARTE muere, está muerto, o está a punto de ser asesinado; al parecer, esto puede ser llamado de varias maneras diferentes. La muerte del ARTE, por ejemplo, o el fin del ARTE; el acabamiento del presente o el aprendizaje de la decepción. Las excrecencias del ARTE contemporáneo son identificadas por otro autor como auténtica "caca de elefante". Y también existe el ARTE antes del ARTE (en la Historia del ARTE que, por supuesto, también ha muerto), y es muy posible que llegue a existir el ARTE después del ARTE. Hans Belting –historiador del ARTE alemán- asocia la proliferación y el culto actuales de la imagen (como exclusivo vehículo de información) con la desaparición de la concepción tradicional del ARTE, y por tanto, con la de la disciplina académica que hasta ahora lo había estudiado. Y es interesante comprender también que, el ARTE, al menos como ahora lo entienden los humanos, no tiene más que doscientos años de antigüedad; no es un asunto, entonces, que venga de lejos. Por ello, dicen algunos, lo único que muere en el ARTE es un relato (el que va desde Vasari hasta la ortodoxia estética del modernismo) aceptado hasta ese momento por todos. Es decir, The end of art: Most Wanted Painting. Otros, en cambio, entienden que la muerte del ARTE significa dos cosas que se implican mutuamente: en un sentido fuerte y utópico, el fin del ARTE como hecho específico y separado del resto de la existencia rescatada y restringida; en un sentido débil o real, la estetización general de la existencia como extensión del dominio de los medios de comunicación de masas. Este señor, creo (el que opina de esta manera), se apellida Vattimo; es una pena: no tengo el gusto de conocerle.

18 de Telág.

La verdadera importancia de la vida: no otra cosa que aquello que siempre nos rodea pero nunca tenemos tiempo de observar.

19 de Telág.

Una serie de respectivos hechos-satélites confirmatorios (también contradictorios): amenazo con escapar constantemente hacia el ámbito de lo maravilloso.

20 de Telág.

¡Por fin alguien que piensa como es debido! ¡Wittgenstein! Éste sí que se comporta como un auténtico kapaxiano. Ante todos estos objetos, ante todas estas obras de ARTE, Wittgenstein responde como respondería cualquiera en mi planeta: ¡Ahora! ¡Así! ¡Esto es! No puede añadirse nada más, no puede decirse nada más, y parece que es el único que lo sabe. Cuenta Oets Kolk Bouwsma que, durante un paseo por el campo, en Cornell, Wittgenstein y él subieron hasta lo más alto de una colina (cercana a una biblioteca), y ambos contemplaron la ciudad desde lo alto. La luna estaba en el cielo. De repente, Wittgenstein dijo: Si yo hubiera sido quien planeó todo esto, jamás habría creado el sol. ¡Mire! ¡Qué hermoso! El sol es demasiado brillante y demasiado calido. Más tarde, añadió: Y si sólo existiese la luna, no habría ni lectura ni escritura.

21 de Telág.

Mi psiquiatra observa con tristeza mi estado actual de abandono; quiere que me enganche de nuevo a la investigación. Para ello ha dejado sobre mi mesa un ordenador portátil (una reliquia tecnológica impensable en K-pax), y unas direcciones de Internet garabateadas en un papel. Cuando me conecto, me encuentro con eso que los humanos denominan "libro electrónico"; su título, bastante sugerente, es éste: La era postmedia. Acción comunicativa, prácticas (post)artísticas y dispositivos neomediales. Mi psiquiatra me ha dicho que entre estas líneas encontraré el futuro, y que si todo marcha bien podré acabar con mi investigación; pero me temo que otra vez llego demasiado tarde: aquí también las cosas se están muriendo, o ya se han muerto, o hay alguien interesado en matarlas. Aun así, tomo las siguientes notas:

Computer art: al decir de Lev Manovich, "ha muerto" (el autor añade: "por supuesto esto viene diciéndose hace mucho tiempo y casi de cualquier técnica, soporte, forma artística o lenguaje -pero casi siempre que se dice, es con razón"). Y más adelante: Cd-rom art: también "ha muerto", guste o no (parece ser que, aquí, en el futuro, no dejan de celebrarse funerales). Continúo. Píxel art: no considerarlo en serio. Multimedia: mal llamado así. Y, por fin, algo de vida en el desierto: Net art: no tanto habría entonces, y propiamente, "obras" de net.art como "webs" de net.art -las dedicadas a la producción activista de una esfera pública de comunicación directa entre ciudadanos, no institucionalmente mediada. Y New-media art: el que se produce para la red internet y cualesquiera otras futuras redes de libre disposición pública producidas por la combinación -industrialmente eficiente- de tecnologías informáticas y de telecomunicación.

(Al parecer, el Net-art –todavía vivo- se encuentra sin embargo herido de muerte; alrededor del proceso de comercialización del mismo se ha producido lo que autor –José Luis Brea- denomina "fin del periodo heroico". Cuando le cuento todo esto a mi psiquiatra se queda muy pensativo; después sonríe con malicia y me dice: lo de la esfera pública de comunicación directa me recuerda a cuando me reunía con los amigos en el bar, a intercambiar proyectos y beber botellines; sin duda, viene a ser lo mismo, pero eso sí: con muchos más cables y menos botellines.)

22 de Telág.

Afortunadamente, el verano ya se acaba. He dejado todos los libros en el cesto de la ropa sucia y he repasado las notas de mi diario. Ángel, un loco divertido de la primera planta, me ha conseguido por fin una bolsa de plátanos. Plátanos maduros y jugosos como obras de ARTE; en fin, verdaderas obras de ARTE. Es esto (sólo esto) lo que podré explicar a mi vuelta; de todo lo demás, no tengo nada claro. He devorado nueve plátanos (piel incluida) y comienzo a sentirme satisfecho. Cuando termine con el décimo, comenzaré el viaje de regreso.

23 de Telág, cuaderno de bitácora manipulado. Orbita 026/Tiempo 471.

Un hospital mental es muy gris, un lugar muy poco estimulante.
20/11/2004 13:17 #. Hay 5 comentarios.

¡Buenos días, pereza!

284186231308lzzzzzzz.jpgEl 16 de junio de 1880, el diario francés L’Egalité publicaba en primera página el siguiente aviso:

En nuestro próximo número comenzaremos la publicación de una Variedad que está llamada a desencadenar todas las cóleras de la clase que ama el trabajo para los otros, y que nunca recomendaríamos bastante a la atención de nuestros lectores obreros. Título: El derecho a la pereza. Refutación del derecho al trabajo de 1848, por Pablo Lafargue.

Pablo Lafargue, nacido en Santiago de Cuba en 1842, revolucionario socialista francés y yerno de Carlos Marx, lo tenía bastante claro: entregarse en cuerpo y alma al vicio del trabajo sólo puede traer consecuencias negativas; es necesario, entonces, que el proletariado vuelva a sus instintos naturales y proclame el derecho a la pereza; que ponga todo su empeño en no trabajar más de tres horas diarias, holgando y gozando el resto del día y de la noche. El texto de Lafargue se apoyaba en la siguiente cita de Lessing: "Seamos perezosos en todo, excepto en amar y en beber, excepto en ser perezosos". Y desplegaba toda su fuerza desafiante en un ejercicio de denuncia destinado a liberar a los hombres esclavizados:

Una extraña pasión invade a las clases obreras de los países en que reina la civilización capitalista; una pasión que en la sociedad moderna tiene por consecuencia las miserias individuales y sociales que desde hace dos siglos torturan a la triste Humanidad. Esa pasión es el amor al trabajo, el furibundo frenesí del trabajo, llevado hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y su progenitura. En vez de reaccionar contra esta aberración mental, los curas, los economistas y los moralistas han sacrosantificado el trabajo.

El 26 de noviembre de 1911, en un último gesto de rebeldía, Paul Lafargue, después de haber pasado la tarde en un cine de París, regresó a su casa de Draweel y se acostó para no amanecer nunca más. Quizás su último ruego, como una oración revolucionaria, quedó suspendido (detenido) con las primeras luces del día: ¡Oh Pereza, ten tú compasión de nuestra miseria! ¡Oh Pereza, madre de las artes y de las nobles virtudes, sé tú el bálsamo de las angustias humanas!

¿Es posible pensar, ahora, a estas alturas, en la pereza? ¿Tiene sentido? ¿Nos hace, de verdad, más libres? ¿Merece la pena?

Mucho ha llovido desde entonces y, a pesar de la súplica de Lafargue, a la pereza sólo se dedican, en nuestros días, pequeños grupos de privilegiados que jamás oyeron pronunciar el nombre del revolucionario francés; todos los demás, sin excepciones, cumplimos con el horario que marca la ley de la supervivencia, la maldición divina. Aunque, al parecer, Corinne Maire también lo tiene bastante claro: ¡Buenos días, pereza! (número uno de ventas en su país, Editado en España por Península, Grupo 62), saluda, desde su puesto de trabajo temporal como economista en la Electricité de France. Y son muchos los que, convencidos de estar ante una nueva poción mágica (en forma de panfleto de autoayuda), se aprestan a leer sus divertidos consejos y sus estrategias para sobrevivir en el trabajo. Imagino, eso sí, que con la intención de seguirlos al pie de la letra, algo nada complicado, por otra parte, en un país como el nuestro, donde un buen número de asalariados ya cumple con los requisitos mínimos que, en opinión de Corinne, acabarán de una vez por todas con el sistema. Porque ¿quién de entre nosotros no lleva tiempo convertido en un discreto inútil, en un completo insignificante? ¿Cuántos de nosotros, por otra parte, no se dedican ya a dejar pasar el tiempo alejados de los cargos de responsabilidad? La sabiduría popular tiene para estos casos una conocida receta: en el salario nos engañarán, sí, pero lo que es en el trabajo...

No resulta difícil coincidir con Corinne cuando plantea cosas como ésta:

La retórica empresarial es el nivel cero del lenguaje, aquél en el que las palabras no significan nada. La organización absurda del trabajo, que ha vaciado de contenido su concepto, ha cavado su propia tumba.

Corinne está convencida de la necesidad de acabar con el capitalismo, pero es de las que opinan que, enfrentarse directamente a él, plantarle cara, lo único que consigue es que éste se vuelva más fuerte. Mejor, plantea, la subversión del vago obstinado, la insignificancia total, la teórica de la pereza: nada de participar en el asunto o participar lo menos posible. Que el supuesto muerto, opina Maire, que el muerto del futuro, se muera por sí mismo; minar el sistema desde el interior, con los brazos cruzados, sin que se note demasiado. Aunque Corinne, eso sí, después de regalarnos su panfleto, aparece siempre sonriendo; en mi opinión, creo que se ríe demasiado. Y a uno le asalta la duda de si Bonjour, paresse, no será, por encima de todo, una pequeña broma; de si Corinne Maire no estará fabricándose su propia pereza a nuestra costa.

Un gesto, en algunas ocasiones, es algo más que un gesto. Un mes, cuentan las crónicas (de agosto a septiembre de 1919), tardó el heredero de la familia más rica de Austria en desprenderse de toda su fortuna; no sólo no debía utilizar los privilegios de su riqueza heredada, sino que no podía hacerlo. Es más, cedió todo su capital a los pobres con la particularidad de que lo fue repartiendo personalmente entre aquellos que le parecían merecedores del dinero. Más tarde, abandonó del todo la vida pública y se trasladó a Trattenbach, en los Alpes de Baja Austria, donde se dedicó a la educación de los hijos de los aldeanos. Claro está que Ludwig, como todos sabemos, pudo haber tenido entre sus lecturas a Pablo, y que éste, como buen cristiano, pudo haber ilustrado al austriaco sobre las causas posibles del envanecimiento: "pues el amor al dinero –predicó el de Tarso- es la raíz de todo mal". ¿Les suena a ustedes de algo?

Quizás esta historia no tenga que ver demasiado con la historia de Lafargue y de Corinne (o quizás sí, ¡quién sabe!), pero revela, por encima de todo, la calidad humana de un gesto. Y es que Corinne, ahora, gracias a Bonjour, paresse, se ha convertido de golpe en una mujer rica y famosa, y es ahora, justamente ahora, cuando va a poder observarse a sí misma desde una perspectiva ciertamente ventajosa. Corinne, si así lo desea, puede seguir leyendo a Roland Barthes, a Michel Foucault, o a Alexandre Kojeve, (leo en un blog francés que la Electricité de France le abona 1.700 euros al mes por 20 horas semanales), y atendiendo a los pacientes en su consulta psicoanalítica lacaniana. También puede aconsejarnos, si eso le hace feliz, la pereza, la inutilidad y la insignificancia; pero todos sabemos que sólo un gesto servirá en verdad para mostrarla: ahora se acerca al objeto de su estudio con una carga inesperada y mucho más pesada. Y es que, en realidad, la vida es un juego verdaderamente extraño. "No trabajes nunca", decía Guy Debord, mirando sorprendido al espectáculo. Aunque, a veces, en algunas ocasiones, las cosas no son como parecen: un trabajo bien hecho (no la pereza) nos hace mucho mejores; ayuda, resulta necesario.
27/11/2004 00:26 #. Hay 19 comentarios.


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